Sentada en una descuidada y sucia silla de un café internet en Playa del Carmen, con el aire acondicionado a todo lo que da y con escalofríos repentinos a causa del clima, leía detenidamente las páginas que iba encontrando en google, mientras del otro lado del vidrio que me separaba del tropical ambiente caribeño, veía pasar a extranjeros y latinoamericanos con sus pieles tostadas por el sol, mientras yo me encontraba a kilómetros de distancia de mi familia… fue así como descubrí la existencia de una escuela de periodismo.
Pensé que de sólo impartir esa carrera, la escuela debía ser buena, y la primera reacción tras ver la página fue pedirle a mi mamá que investigara lo que la página no me mostraba, en general toda la información que pudiera recoger acerca de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, estando ella más cerca.
¿Qué diablos quiero ser?
El propósito original de llegar a la Riviera Maya era descubrir que rayos quería estudiar, y en aquel frío y poco aseado cibercafé en la quinta avenida de playa del Carmen parecía estar encontrando el camino, después de todo, la divertida y trabajosa estadía rendía sus primeros frutos. Partí del caribe mexicano para regresar unos meses después decidida a realizar el examen de admisión en una de las escuelas de periodismo más importantes de América Latina.
Al llegar al edificio marcado con el número 43 de la calle de Basilio Badillo, a unos pasos del concurrido y a veces descuidado metro Hidalgo, y en el corazón de la actividad periodística no sólo de la Ciudad de México, sino del país; entre grandes edificios y la avenida Reforma, una de las más importantes arterias de México, salude al conserje que se encontraba en un pequeño recibidor a la entrada del plantel.
-¿Ésta es el área de recepción, verdad? ¿Y todo lo demás que abarca la esquina, es donde se imparten las clases?
-No señorita esta es la escuela, son 5 pisos. Mencionó el conserje con naturalidad, como acostumbrado a escuchar la misma pregunta una y otra vez.
-¡Ou!…
Gran sorpresa la que me llevé al ver las instalaciones, pero preferí evitar pensamientos ociosos y entré al salón en el que se llevaba a cabo el examen de admisión, en el quinto piso, al que logré llegar a pesar de mi poca condición física y de las interminables escaleras de “La Septién”.
Al empezar a responder el examen, la verdad estaba un poco asustada, puesto que me esperaba el peor de los exámenes en cuestión de dificultad académica, digo, ya había oído unas cosas muy buenas de la escuela, y pues ingreso no debía estar muy fácil.
-O ¿sí?…
Etapa de indagación
Días después me enteré que algunos alumnos todavía estaban realizando sus exámenes extraordinarios en la universidad, y para terminar de asegurarme que era la escuela que yo estaba buscando resolví ir a preguntarles a los alumnos que sentían al estudiar ahí, después de todo, eran periodistas, debían estar acostumbrados a las preguntas, y yo pues estaba más que acostumbrada, a quitarme la pena, para hablar con la gente.
Todavía aclimatada al ambiente tropical del caribe mexicano, calzando en unos huaraches cafés con florecillas, estilo muy provinciano, y enfundada con una falda roja muy fresca y una sudadera gris, llegué , de nueva cuenta a la escuela Carlos Septién, ahí en el primer piso me encontré a dos chicos, que estaban estudiando, sin vacilar, mi saludo rompió el silencio en su salón.
-¡hola!
-Hola, ¿cómo estas? me respondieron.
Seguido de ese saludo, fue que comenzó mi cuestionario. Empezando con un que les parecía su escuela, que tan buenos eran los maestros, como se enteraron de ella, si era posible salir de la carrera con trabajo, etc.
Las respuestas que obtuve de estos muchachos me agradaron bastante, y aunque no estaba del todo maravillada con el lugar, puesto que me parecía peligroso, ver a tantas personas dormir a los alrededores del metro hidalgo, o a los niños inhalando activo, y demás, a estas alturas ,ya habiendo perdido un año de escuela, que ya era mucho para mí, después de ser tan ñoña siempre, lo que más anhelaba , era sentir ya, el ambiente escolar y más de esa carrera, que había elegido.
Porque la verdad me había costado bastante trabajo, decidirme por estudiar periodismo había pasado por diversas carreras como opción de estudio, la primera y que desde pequeña llamó mi tención fue la de derecho, pero al para de los años, me di cuenta que mi carácter no era tan rudo para poder defender a personas que según yo no lo merecían, la segunda opción fue la de querer ser aeromoza
-¡Uh!
Esta si me llamaba mucho, viajas mucho, conoces muchos, lugares, y culturas diferentes a las tuyas, pero al oir a mi hermano decir:
-serás una buena chacha aérea.
-¡zaz!
Este “lindo” comentario de mi hermanito, siendo yo tan cursi y teniendo un corazón de pollo, hizo que desechara esta opción casi de inmediato.
Y fue después de conocer a una “journalista” francesa , después de mucho platicar con ella, y servirle casi diario una cerveza león bien fría, como me la pedía, en el Beer bucket, el bar donde trabajaba en playa, ubicado en la avenida 12 con 12, fue que me enamoré de lo mucho que ofrecía como persona esa profesión.
Comienza el trayecto periodístico
Cuando me enteré que había sido aceptada, me dije, y me hice según yo, la firme promesa, de ser super ñoña, no hablarle a nadie, y sentarme casi, casi, en un rincón a anotar los apuntes que dieran los maestros
Obvio,no pude, después de todo el ser humano es un ser sociable por naturaleza, necesita relacionarse, pero cuando entré a la escuela de periodismo Carlos Septién, me di cuenta que ya no me moría por ser ñoña, ni necesitaba sentarme en un rincón y no hablarle a nadie del salón, para ser buena periodista, realmente me di cuanta que había elegido algo que me gustaba y con eso me daba por muy bien servida, digo si algo te gusta, tendrás la curiosidad por tratar de hacerlo bien, aunque no sepas nada, todo se irá dando, es lo que hasta ahora me digo, claro está ,con un poco de esfuerzo y una que otra metida de pata.
Así fue como después de hacer el examen fui aceptada, y después de estar tres semestres, en el turno matutino, es ahora en cuarto que me cambié de horario, ahora asisto a la escuela de 6 a 9 de la noche, lo que acomoda, mi horario perfecto, para desarrollarme en otras actividades, y prestar la atención necesaria a las clases.


